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VENEZUELA Y EL ENERO INOLVIDABLE

Análisis de Gabriela Avendaño, politóloga venezolana.

Enero de 2019 sin duda marcará para siempre un capitulo inolvidable en la larga historia del Chavismo (convertido en madurismo), la transformación de un país que prometía hace 20 años ser la potencia del continente, a ser el país con mayor éxodo en la historia de América Latina, nos convertimos en el ejemplo de esclavización en pleno siglo XXI, los venezolanos como víctimas de discursos nacionalistas y una economía populista que nos costó vidas, libertades, y un masivo exilio. 

Gabriela ha participado de varios programas de televisión argentinos.

¿Qué viene ahora? Esperamos sorprendernos para bien, hoy la confianza está puesta en Juan Guaidó, un diputado que supo enfilar en un mismo músculo la desorganizada oposición, que más de una vez fue la presa fácil de quebrar para el gobierno. Hoy no existen motivos que al “gobierno de Maduro” le alcancen, después de desgastar la narrativas de invasión o intervenciones yankees, y prometer economías prosperas, regionales y soberanas, cuando la realidad venezolana es que ya migraron más de 4 millones de personas y que tiene una hiperinflación de más de 2.688.670% de acuerdo con el Índice Nacional de Precios al consumidor de la Asamblea Nacional.

Después de haber expropiado, quebrado y dañado toda la economía productiva del país, a Maduro sólo le queda seguir manteniendo los lazos fuertes con países como Rusia o China, a los cuales le debe más de un favor económico que les permitió retardar este escenario. El terreno internacional lo tiene casi perdido, pero no dudamos que hará todo por ganar aliados y pasar facturas a más de un líder que el chavismo supo ayudar en otros tiempos. Su estrategia es la misma y es clara: mantener a su lado la coerción, esto abarca militares, policías, inteligencia y paramilitares para generar miedo, confusión, mayor censura y presión en quienes gocen de algún plan social o se beneficien de las cajas que les reparten con apenas un par de artículos de comida. 

Por su parte, después de una larga lucha, hoy lo venezolanos se convierten en los libertadores de sí mismos. Guaidó sin el respaldo enérgico del pueblo, no sería más que un simple líder de oposición. Su jugada estratégica lo viene abarcando todo: en política nacional e internacional, supo pensar una comunicación genuina, pero con un discurso contundente que va acompañado de acciones concretas, devolviéndole a la población venezolana la esperanza y alegría de que “algo bueno ya viene”. 

Por su parte, la oposición debe jugar en el terreno fuerte del madurismo: la fuerza militar y policial, tienen que buscar sensibilizar, con un discurso conciliador y con ayuda de la sociedad civil el hecho de que vivimos una crisis que nos alcanza a todos, recordar los mayores valores de tener un uniforme que es cuidar a la patria y sobre todo, el futuro de nuestra gran Venezuela. 

Guaidó como la sorpresa que nadie vio venir, todos fuimos testigos cómo después de tantos intentos, el madurismo estaba desnudo, vulnerable y sin ninguna respuesta ante la crisis que se le avecinaba, vemos cómo el poderoso aparato que controla todo, ahora se empieza a quedar sin cartas para jugar.

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