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GABRIELA AVENDAÑO

Actualizado 31/01/2019

Por Juliana Argañaraz


Gabriela es politóloga y llegó a Buenos Aires en 2014 con su título. Acá se especializó en Comunicación Política y trabaja en la Cumbre Mundial de Comunicación Política. Con el corazón estrujado, a Gabriela le toca, como a tantos otros, seguir la realidad de su país a través de la televisión y las redes sociales. La Venezuela del hambre y la desnutrición. La Venezuela en la que en la última semana murieron 49 personas y casi 800 terminaron presas por animarse a hablar.

¿Cómo y cuándo llegaste a Argentina?

Vine en 2014, primero por la crisis que había allá en ese momento, con protestas en todo el país. Yo había finalizado mi carrera, pero estaba tan paralizado que no había podido recibir mi título. Tenía que tomar la decisión en ese momento de irme, el miedo constante era quedarme un tiempo más y no poder salir después del país.

Gabriela al aire en América (Web)

¿Creés que algo va a cambiar ahora que Estados Unidos se metió con la petrolera PDVSA?

Esta seguro es la primera vez que se siente miedo dentro de las filas chavistas/maduristas por sanciones de Estados Unidos, siempre tuvieron la enorme capacidad de enfrentar situaciones de crisis. Las enormes listas de funcionarios que han sido sancionados no modificaban discursos ni acciones hasta ahora. Es claro que el gobierno está en jaque y que no tiene el reconocimiento internacional congelando casi de manera inmediata activos como en PDVSA o el fallido intento de retirar UDS1.200 millones en oro del Banco de Inglaterra.

Las consecuencias más inmediatas se ven reflejadas en la población que está en pobreza extrema, que recibe asistencia social del gobierno, a veces por medio de cajas con comida o un plan social. Lo que más me angustia de los bloqueos económicos es la vulnerabilidad de mi pueblo, quien al fin de cuentas es quien paga las consecuencias.

¿Cómo analizas el papel de Juan Guaidó?

Guaidó llegó y el gobierno no vio venir ese golpe. Con levantamientos anteriores sí se preparó porque hicieron campaña, tuvo tiempo de meterlos presos. Esta vez hubo una estrategia política bien pensada, con un plan de comunicación. Juan Guaidó hace un vivo de Instagram y tiene mucho más audiencia que los canales tradicionales. Despertó una ola de fanáticos que buscan sus fotos y resulta que es un chico igual que todos nosotros, y con huevos. Algunos dirán “Este chamo me representa porque viene de atrás como yo”.

¿Y la reacción del gobierno de Maduro?

Está vulnerable. No tienen capacidad de respuesta en tiempos de crisis. Su discurso fue cambiando, primero estaba en contra de Guaidó y después pide dialogar. Y cuando pide el diálogo sabes que el gobierno está asfixiado. Pero Guaidó no aceptó, y eso le renovó las esperanzas a la gente. Maduro se acerca a la salida dialogada, pero sabe que si negocia va preso, sería descubrir un montón de canales de corrupción y narcotráfico. En la calle se ve su estado de paranoia: usan toda la fuerza coercitiva para reprimir, se ve que están nerviosos.

¿Cómo interpretás el ultimátum de los países europeos?

Lo que tuvo Europa fue cautela, que no tuvo la región. Claro, ellos no tienen el problema de inmigración que tienen acá, o del narcotráfico: Bolsonaro tiene a un montón de venezolanos en una situación terrible, esa colonia que arrastra una historia de narcotráfico. Aquí a Argentina vino la clase más preparada, a Perú, a Colombia y a Brasil está migrando gente de clase más baja, gente con antecedentes de delitos, están creando otro problema a sus fronteras.

Gabriela trabajando en la Cumbre de Comunicación Política (gentileza)

¿Qué futuro le ves al levantamiento de la oposición?

Lo que tiene que pasar, o debería suceder, es que tienen que mantenerse unidos. La oposición es especialista en fragmentarse.

Un llamado a elecciones por el momento no valdría. La gente no cree que sean transparentes, si llaman a elecciones mañana no va a servir de nada. Las últimas elecciones -en las que Maduro fue reelecto- fueron tan fraudulentas que la empresa de las máquinas del voto electrónico no reconocía el resultado que el gobierno había dado.

Hoy la gente prefiere que los invada cualquiera a que siga el chavismo, cada vez que hablas con alguien en Venezuela, la respuesta es “¡Que venga el que sea, pero que pase algo, esto es desesperante!". Desde hace años el gobierno chavista bajo acuerdos no tan claros con el castrismo, llenó de cubanos al país: en cargos políticos, militares, estratégicos, en los hospitales e incluso en temas deportivos, todos con salario estatal.

No pueden hablar quienes defienden a Maduro de intervención internacional cuando en Venezuela existe fuerte migración cubana, por acuerdos económicos y políticos que no quedan tan claro ante la sociedad civil. Lo triste es sentir la desesperación de un venezolano que hoy pide auxilio, que prefiere la intervención de Estados Unidos, la ayuda humanitaria de cualquiera, algo que les permita salvar a su familia, brindarle un futuro a sus hijos y ellos mismos.

Ciertamente, hablar de invasión en estos tiempos es un tema grave y complejo, lo que sucede es que para el venezolano que sufre la hambruna, la delincuencia y la tiranía, lo invade un estado de desesperación que te hace vivir con el corazón roto cada dia, donde quiera que estés, ellos no siente que las leyes o los organismos internacionales hayan podido salvarlos de la extrema pobreza, ni de la obligada migración.

¿Y los militares?

En Venezuela los altos mandos militares siempre tuvieron un nivel económico muy bueno. Le deben mucho al chavismo. Chávez empoderó a los militares más allá de sus responsabilidades, les empezó a dar sueldo por encima de los ministros, desde los altos cargos y hasta los cadetes. Desde que empezó la crisis los militares controlan las comidas, gente que no educaron y les pusieron un traje de militar, les dan un arma y los manden a la calle a reprimir. De hecho, se dice que unos 4.000 militares no volvieron al cuartel después de pasar las fiestas en sus casas.

Guaidó debería hacer una campaña de reconciliación con los militares. Es ahora o nunca. Este es el momento de nosotros.

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