confesiones

DRA. KARIN KOPITOWSKI

Actualizado 29/10/2019

Jefa del Servicio de Medicina Familiar del Hospital Italiano de Buenos Aires. Directora del Departamento de Investigación del Instituto Universitario Hospital Italiano.

"Detrás de un discurso de empoderamiento con el autoexamen, hay un discurso de intervención"

Por Juliana Argañaraz

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¿Conocés mi ‘posición’,  no?”, chequea Karin Kopitowski antes de acceder a la entrevista, porque sabe que su “posición” no es la más popular a la hora de hablar de cáncer de mama. A punto de terminar el #OctubreRosa, en el que el discurso dominante copa los medios, la jefa del Servicio de Medicina Familiar del Hospital Italiano de Buenos Aires comparte con elpodio.news otra visión de esta enfermedad sobre la que se escucha mucho, pero no todo.

El mensaje dominante, que es muy poco crítico con el asunto del diagnóstico precoz, no reconoce que detrás de esto hay una controversia”, comienza diciendo. Y agrega: “Se hace tamizaje o rastreo, se promociona el autoexamen, y el único medio que demostró encontrar el cáncer de mama es la mamografía, todo lo demás que hagamos no está avalado científicamente”.

¿Y cuál es el problema con hacerlo?

La mamografía tiene beneficios, reduce la mortalidad por cáncer de mama, pero tiene desventajas, principalmente dos daños: el falso positivo (cuando uno encuentra una cosita que parece que es algo y hay que hacer más estudios). Ese daño es un plomo, porque en 10 años de tamizaje casi la mitad de las mujeres va a tener un falso positivo. Y el otro, que se llama sobrediagnóstico, es el más difícil. Se trata de encontrar cánceres de mama por tamizaje que si vos no los hubieras encontrado, nunca le hubieran causado un daño a la mujer. 

Cuando encontrás el cáncer lo tenés que tratar, porque uno no tiene manera de saber qué hubiera pasado. Todas las mujeres “salvadas” ignoran que tal vez podrían nunca haberlo sufrido.

¿Esto pasa con otras enfermedades?

Cuando uno sale a buscar una enfermedad, lo primero que pasa es que aumentan los casos. Uno supone que si todos esos casos estuvieran destinados a matar, deberías ver una disminución de la mortalidad proporcional al aumento de la incidencia. Es decir, con el programa de rastreo aumentó mucho los cánceres en estadío 1 encontrados, entonces los otros deberían bajar, 10 años después deberían disminuir los estadios 2, 3 y 4. Pero eso no es así.

¿Y entonces cuál es la mejor opción?

La mamografía tiene que ser una elección, mucha gente se la haría igual, pero mucho otros no. Nosotros promovemos ir hacia un modelo de toma de decisiones compartidas entre el médico y el paciente, donde lo que más importa es lo que el paciente decide de acuerdo a sus valores, siempre y cuando haya recibido información balanceada. Tal vez haya mujeres que no quieran someterse a la mamografía, o que decidan estar atentas a otros síntomas, y en ese caso ¿cuál es el problema? 

Suena a un discurso anti-vacuna, que cada uno puede elegir…

Con las vacunas hablamos de enfermedades contagiosas, y la diferencia es que vacunando a toda la gente la enfermedad se erradica. Si le hiciéramos la mamografía a todo el mundo, el cáncer de mama no se erradica. Se trata a la mamografía como a una vacuna: si te la haces no te moris y si no te la haces te va a dar cáncer. Y no es así. 

El cáncer no es la primera causa de muerte prematura de la mujer. La mujer debe evaluar la probabilidad que tiene de perjudicarse con el tratamiento con la que tiene de beneficiarse, su voz tiene que entrar en la decisión. El octubre rosa y toda esta cuestión, detrás de un discurso de empoderamiento con el autoexamen, hay un discurso de intervención, de avanzar sobre el cuerpo sin preguntar nada.

¿Pero qué se recomienda oficialmente?

El Instituto Nacional del Cáncer (INC) tiene una recomendación nacional (mamografía cada dos años entre los 50 y los 69) y después cada estado provincial y cada municipio sale con la recomendación que se le canta. En el Italiano pudimos llegar a un consenso, llegamos a la recomendación de desde los 50 hasta los 75 se recomienda hacer mamografía, y entre los 40 y los 49 años usamos la estrategia de informar beneficios y daños. A su vez, el autoexamen no hay que hacérselo a ninguna edad.

Hay gente que puede decir ‘igual me la voy a hacer’. Que reciban información balanceada y desprovista de pasiones y que puedan elegir libremente.

¿Y por qué no se brinda esa información?

Muchos médicos dicen ‘en la consulta no tenemos tiempo de explicar’, infantilizan al paciente, dicen que es complejo de explicar, pero hacer un trasplante de hígado también es complejo, y lo hacemos. En el fondo esconde una postura paternalista de la medicina.

Esto pasa también con otras enfermedades pero ninguna tiene el impacto, el patrocinio de la mama, que es un mes entero. Con la próstata pasa lo mismo, pero no hay un mes con este bombardeo. Al hombre no se le explica bien, y los beneficios son más marginales y los daños aún mayores.

¿A qué intereses responde esta falta de información?

No es cierto que todo es un negocio, pero la verdad es que, en general, el complejo médico industrial vive de que haya enfermos. Ya cuando no nos alcanzaba con los enfermos, avanzamos sobre los sanos. Se produce un conflicto de intereses cuando el interés primario que tenemos que tener entra en conflicto con otros intereses: académicos o financieros, y llegamos a esto, de hacer estudios de manera intempestiva e irracional. 

Hay médico que lo hacen porque no están tan informados, o porque están impregnados ingenuamente de que siempre es mejor prevenir. Pero no siempre es mejor prevenir que curar, sobre todo cuando para prevenir hay que salir a cazar enfermos en el reino de los sanos. Tenemos que estar muy seguros de que esa maniobra es más beneficiosa que dañina. El sistema inicia maniobras sobre gente que se siente bien. No podemos darnos el lujo de salir a cazar.

¿Cuál sería el abordaje recomendado?

Por ejemplo en Francia están revisando su programa de tamizaje y proponiendo como alternativa una fuerte campaña de información a profesionales para ir hacia el modelo de decisiones compartidas.

Si el octubre rosa es de información, habría que poner todo esto sobre la mesa, pero está esa mirada de que ‘es muy complicado para informar’, sumada a algunos conflictos de intereses. 

El objetivo es obtener la mayor cantidad de información y que sea balanceada, y si es complicado tenemos que hacer un esfuerzo porque sea más simple, pero no por eso hacer algo reduccionista que sea ‘hacetela’ y ya. Eso es una concepción paternalista de la medicina, donde la mamografía no se vive como una alternativa.

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