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HABLEMOS DE MOBBING

Actualizado 14/09/2019

Por Lucía Junquera Ramos.

"Jefes que creen ser dueños de los cuerpos de sus empleades, manoseándoles, insinuándose, persiguiéndoles y castigándoles al menor asomo de rechazo", se escuchó el jueves pasado, en el auditorio de Bauen. El fragmento, es parte del comunicado de Actrices Argentinas con el que acompañaron a Anahí de la Fuente en la denuncia pública contra Diego Pimentel. El exdirector del Centro Cultural San Martín es acusado por maltrato físicoacoso sexual y abuso laboral; este último también conocido como mobbing.

Frente a decenas de periodistas, y con la denuncia penal hecha en agosto, el nombre del denunciado no fue pronunciado ni una sola vez con el fin de “no darle más protagonismo”. Sí se mencionó que Anahí sufrió acoso y maltrato “por parte de un exdirectivo de la Institución". Y ese fue el punto clave de esta acción: hacer visible de forma masiva “una realidad extendida en todos los ámbitos académicos y laborales: la violencia de género y el acoso".

El acoso laboral es una práctica ejercida sistemáticamente y la mayoría de las veces se produce en situaciones de desigualdad frente a una situación, es decir, desde el abuso de poder. También conocido como bossing, el poder aplicado por un jefe consiste en auto-establecer reglas que deben ser cumplidas, sin reclamos, por la víctima.

Estas "pautas" unilaterales pueden ser desde hacer comentarios sobre el aspecto o vestimenta de la víctima, pasando por pedir tareas por fuera de lo que establece el contrato o el horario laboral, hasta el acoso físico que muchas veces da pie al abuso sexual. En consecuencia, el superior aplica "beneficios" o "castigos"en función de la reacción de su empleada/o.

El mobbing se sostiene de pequeñas acciones prolongadas en el tiempo que ejercen la violencia psicológica sobre la persona que lo sufre. Esta violencia puede traducirse en estrés, baja autoestima, depresión, entre otros síntomas.

Un acuerdo laboral precario profundiza las desigualdades y allana el terreno creando un escenario propicio para realizar estas prácticas. El silencio, la no denuncia, se genera por miedo al despido, a no recibir el salario, al estigma.

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ALGUNOS DATOS DE LA DESIGUALDAD

La Universidad Católica Argentina, en su último informe anual sobre Heterogeneidad y Fragmentación del Mercado de Trabajo, establece que:

  • El sector micro-informal es marcadamente mayor en los trabajadores de hogares de nivel socioeconómico más bajo, en mujeres y en los no residentes en la Ciudad de Buenos Aires.
  • Las mujeres poseen una probabilidad mayor (en un 50%) de encontrarse trabajando en el sector micro-informal que los varones.
  • La distribución de ocupaciones es muy dispar según el sexo de los trabajadores. Las ocupaciones más presentes en las mujeres son el trabajo por cuenta propia no profesional (45,4%) y el servicio en hogares

La Federación Argentina de Empresas de Trabajo Temporario (FAETT) comprobó que las mujeres de 18 a 39 años son el grupo más afectado por el acoso laboral quedando en una  posición de indefensión. Esta situación se replica en las disidencias; por eso el apoyo de actrices argentinas fue también extendido hacia el colectivo LGBTIQ+.

Los casos paradigmáticos, como la denuncia de Anahí, exponen una realidad, son una muestra a escala de lo que representa todo un sistema fundado en la violencia de género y que se reproduce en ámbitos laborales, universidades y en espacios públicos. Denunciar los vínculos abusivos es la forma de empezar a hacer algo, porque para la sociedad, lo que no se nombra, no existe.


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