confesiones

MALENA REY

Actualizado 21/08/2019

"SI ME DECÍAN QUE PODÍA PROGRAMAR O TRABAJAR DE ESTO, PARA MÍ ERA IMPOSIBLE"

Por Juliana Argañaraz

Male tiene 31 años y hasta el año pasado se dedicó a la bioética. Pero explorando otras opciones se encontró con que tal vez podía estudiar programación. Y lo hizo, se convirtió en Front-end Developer y ahora vive de eso y también enseña a otras que van por su mismo camino en Ada, un espacio de formación solo para mujeres que quiere sumar a la incorporación de más chicas a la informática.

¿Cuál fue tu primer acercamiento con la programación?

Vengo de familia de informáticos varones. Siempre fue algo como dentro de las posibilidades pero para mí en particular muy lejano. Me crié rodeada de informáticos: mis dos hermanos, mis tíos, mi papá, pero nunca lo vi como algo posible. En la familia todos cumplen el estereotipo del informático: hombres, que les gustan las matemáticas, tímidos, no les interesan mucho las humanidades. Como no me sentì identificada con eso, pensé que no iba a ser buena, creía que era muy difícil o que había que ser una genia.

Y tu realidad completamente distinta...

Yo estudié filosofía y no me fue mal: dí clases, hice mucha comunicaciòn, divulgación. Pero llegando a los 30 comparé mi situación económica y laboral con la de mi hermano que es programador desde los 18 y yo había tenido más satisfacciones, pero que no se me estaban traduciendo en mejor sueldo o capacidad de ahorro. La primera inquietud fue económica. Pero además me di cuenta de que le gustaba su trabajo. Y a él le pregunté: ‘Si yo quiera hacer eso, ¿podría?’. Y así fue que tomé la decisión de empezar el curso.

¿Qué sabías sobre programación antes de empezar?

No sabía nada. Sabía solamente usar la computadora, pero nada más. Ellos me dijeron que no me preocupara y que todas íbamos a estar en la misma.

¿Por qué elegiste estudiar en Ada?

Primero, porque se prometía como un lugar para mujeres. El otro punto que me interesó es que no es un mero curso para aprender a programar onda tranquila, para aprender algo nuevo. La intención es que egreses y empieces a trabajar como programadora. Todo el apoyo que me dijeron que me iban a dar, lo recibí, como ayuda para conseguir trabajo. 

¿Y conseguiste?, ¿qué hacías en ese momento?

Yo hice el curso intensivo: durante cinco meses todos los días, cinco horas por día. En ese momento había conseguido un trabajo hacía poco como asesora en la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, pero a los dos meses de estar cursando en Ada me di cuenta de que quería seguir por ahí y renuncié a mi trabajo para dedicarme cien por ciento a aprender.

Apenas terminé el curso me puse a mandar CV y dos meses después ya estaba trabajando como programadora. Incluso, algunas de las alumnas de Ada trabajan antes de terminar el curso.

¿Cuál es rol del feminismo con este espacio?, ¿las profesoras son todas mujeres? 

No, las profes no son todas mujeres pero sí hay interés en mostrar a las mujeres como referentes. No tiene sentido decirle a las mujeres ‘vos podés’ y mostrar referentes hombres.

¿En qué creés que ayuda que las estudiantes sean solo mujeres?

Y por ejemplo yo hubiera estado mucho más inhibida de lo que estuve como alumna, y creo que a la mayoría le hubiera pasado lo mismo. La idea de que estamos todas en la misma, que todas estudiamos otras cosas, o nada, te tranquiliza muchísimo. Hubiera sido mucho más difícil lograr esa confianza si hubiéramos tenido compañeros varones, y mucho más si ya venían con conocimiento o trabajo en el área.

La idea de solo mujeres está basada en la realidad probada de que, consciente o inconscientemente, tendemos a hablar menos o a estar más a la defensiva si hay varones en el mismo ámbito, y especialmente si la tienen más clara que una.

Creo que en general los espacios de solo mujeres son necesarios porque te dan esa confianza que de otros modos no tenes a nivel social. Una sensación de ‘acá me puedo relajar’. 

En muchísimos trabajos falta inserción de mujeres, pero en informática es particularmente grave: Si me decís que mencione a médicas, abogadas, puedo, pero la falta de referencias en cuanto a informáticas mujeres propaga esa idea de ‘yo jamás podría programar porque no soy como la gente que programa’. Y no solamente varón: que te guste hablar en público, que tengas intereses más allá de lo normalmente asociado con lo nerd, básicamente que no seas un personaje de The Big Bang Theory, o que no te haya ido nunca bien en matemática.

¿Y cómo fue finalmente lograrlo?

Para mi fue así: no solo se me abrió un mundo de posibilidades económicas, sino que logré algo que parecía imposible. Si me decían que podía programar o trabajar de esto, para mi era imposible, y me di cuenta de que podía. Por eso empecé a transmitirlo.

En redes sos como una especie de evangelizadora de estudiar programación...

Sí, me sorprendió muchísimo la llegada que tuvo, el crecimiento en redes, en gente que se me acercaba, sobre todo porque yo nunca cumplí ni quise cumplir ese estereotipo, y creo que eso es lo que llega: ‘esta persona es como yo, si ella puede, yo también puedo’. Y ese mensaje me encanta.

Es un mensaje importante dentro de la comunidad: hay muchos que se creen el cuento de que son mejores. Y también tiene que ver con que somos pocos. Por eso celebro que se meta más gente, distinta al estereotipo: más compasiva, más paciente y más diversa. 

¿Saber programar es el nuevo saber inglés?

Yo creo que sí. Aprender a programar no solamente sirve para trabajar de eso, sino para pensar de una manera distinta, para moverte con más facilidad en un mundo donde ese idioma se habla. Lo que eran las clases de informática en la escuela tiene que cambiar. Si más personas supieran programar se democratizarían más procesos. No es un conocimiento inalcanzable y puede hacer una sociedad más democratizada.

Te puede interesar

Top