confesiones

@ALFAJORPERDIDO

Actualizado 24/07/2019

"EL DULCE DE LECHE, ALMA INDISCUTIDA Y MISTERIO IMPENETRABLE DE TODO ALFAJOR"

Por Lucía Junquera Ramos
Foto de portada: Martín Bonetto

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Facundo Calabró es, desde el 2016, el paladar detrás de @AlfajorPerdido. Tiene 22 años, es locutor, estudiante de Letras y ejerce el oficio de “Catador de alfajores". Se inclina por la palabra escrita; esquiva, con convicción, el título de influencer; y busca, humor mediante, reseñar las degustaciones de la golosina argentina más popular.

¿Cómo empezaste a ser Catador de alfajores?

Empecé con un blog. No recuerdo si tuve la idea antes o después de conocer el sitio de Daniel Belvedere, que en ese entonces ya tenía como diez años y me brindó los primeros criterios para "catar". Internet es mi hábitat natural desde muy chico y siempre sentí cierta compulsión a crear blogs y a obsesionarme con ellos durante un tiempo, quizá Alfajor Perdido se me fue de las manos. Ahora tengo mi propia página. De hecho, el nombre "Catador de alfajores" vino después porque me bautizó así un periodista.

¿La repercusión en las redes sociales fue buscada o surgió de manera inesperada? 

Si pretendía hacerme conocido con un blog en el 2016, estaba loco porque la época de los blogs se había terminado hacía rato. Nunca sospeché el rebote inmediato que iba a tener. Había algo más bien anacrónico en el gesto, lo que yo quería era escribir para alguien. No tenía "el sueño del influencer", ése es un mundo que siempre me fastidió, que tuve que conocer medio a la fuerza y no es que ahora no se me haya pegado, pero el ámbito de las redes es muy ingrato; a la larga solo produce malestar.

¿Qué diferencias encontrás entre el público de Twitter y el de Instagram? 

Yo vivo en Twitter, quizás más de lo debido, porque me gusta decir antes que mostrar. Aunque parezca exagerado, la primacía de la palabra que rige ahí hace que los diálogos y las discusiones sean más inteligentes y sutiles. El público de Instagram es, en general, más soso pero soy adicto a la interacción y en ese sentido esa red es más gratificante, aunque sus códigos me caen muy antipáticos.

¿Cómo conviven las entrevistas que das en los medios tradicionales con el mundo digital?

Voy muy poco a la televisión o a la radio y la verdad es que aún en programas más o menos vistos o escuchados como Cocineros Argentinos o el de Ari Paluch en la Pop, lo que se traduce de eso en una mayor cantidad de seguidores o de interacción en redes es muy poco. El público de redes se genera en las redes. Además, los medios tradicionales ya están en su etapa final, agonizando, y eso me excita un poco.

¿Cómo manejás los canjes y la publicidad no tradicional en tu actividad? 

Recibí pocos sondeos para hacer publicidad y nada prosperó. Así que soy independiente, pero no lo sobreactúo, y si me mandan alfajores o me invitan a conocer fábricas, acepto sin dudarlo. Tampoco creo que mi palabra valga tanto, ni creo que se jueguen “mis principios” en esto. De hecho prefiero decir algo interesante antes que decir algo honesto; ése es mi compromiso. Con todo, las cosas que digo son genuinas, nunca hice un PNT y no creo que lo vaya a hacer. No es que descarte “venderme al sistema”, pero para eso me tiene que llegar alguna oferta y si ocurre, prometo avisar.

¿Qué es lo que más te gusta de @alfajorperdido? 

Lo que más me gusta es flashear cualquiera y que haya gente ahí para mostrárselo. Los textos que escribo sobre alfajores, es decir: los conceptos, las descripciones, las seudo-teorías, son eso, un flash. También son excesos, y chistes ridículamente largos que hago con mucho amor y placer. Trato de cruzar todo el tiempo las fronteras de lo esperable dentro del tópico "alfajores" porque realmente creo que el tema es amplísimo y permite un abordaje bien queer y libre pero a la vez muy riguroso. Lo que me alimenta es la obsesión, el chiste y la obsesión, o la obsesión por el chiste. 

¿Cuál es el siguiente paso a dar con el proyecto?

Hay en stand-by una idea editorial para la que trabajé mucho. Espero que se publique, y seguir profundizando la investigación y la escritura. Alguien tiene que escribir la historia completa de, por ejemplo, Terrabusi o Havanna. Eso me encantaría, sumergirme en esos archivos, pero hacen falta subsidios y tiempo.

¿En qué momento del día degustás las golosinas?

Suelo comer alfajores al mediodía o a la noche porque es el momento en el que estoy en mi casa y tengo tiempo para ejecutar todos mis extraños procedimientos en privado, sin la mirada prejuiciosa de la chusma. Por lo demás, no mistifico el consumo, son una golosina popular y no requieren sofisticación para ser disfrutados, es ingesta consciente, y ya.

foto de https://bit.ly/2LcelIZ

Por último, ¿tenés un podio de alfajores favoritos? 

No soy afecto a los podios ni a las listas porque me obligan a simplificar y a comparar lo incomparable. Puedo nombrar algunas marcas que realizan mi ideal, que es de la intensidad, con mayúsculas, y diosa de mi sistema de valores, por medio del contraste de sabores puros. En ese sentido: La Olla de Cobre, de San Antonio de Areco; Fuego, de Buenos Aires; Tremendo, de La Plata; Entre Dos, de Mendoza y Elmira Castro, de Cura Brochero, con diferentes calidades de materias primas, logran procurarme la experiencia que busco. Si hablamos de buen chocolate: La Marsellesa, de Paraguay; el Cachafaz y Wooden Table, de California. También me gustan mucho los de harina de algarroba y los mal llamados santafesinos, que con sus galletas más rústicas permiten realzar el dulce de leche, alma indiscutible y misterio impenetrable de todo alfajor.

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