confesiones

JULIO CÉSAR SEGURA

Actualizado 03/04/2019

Por Juliana Argañaraz

Pedro (59) fue el mayor de los cinco hijos varones que tuvieron Pedro Segundo Segura y Petrona Tránsito Torres. El segundo, Julio César, con quien Pedro compartía la cama en la “casuchita” en la que crecieron en Moreno, es el protagonista de esta historia, narrada en la voz de su hermano. Julio César, el “corajudo”, el “pintón”, el que “jugaba muy bien al fútbol” y llegó a las inferiores de Ferro. El Soldado Julio César Segura, conscripto del Ejército, nacido en Tucumán en 1962 y caído en Malvinas a los 20 años en la batalla de Wireless Ridge.

¿Cómo recuerda a su hermano este 2 de abril?, es la pregunta inevitable para Pedro.

Lo recuerdo siempre. Pero es lógico que estos días como que es más valedero, porque se conmemora en Argentina a los veteranos que están y a los que quedaron allá en la isla. Es un recuerdo, es indiscutible, pero uno como hermano lo vive y lo extraña todos los días, aunque cuando llegan estas fechas lo recuerda más.

Julio fue muy liberal, muy adelantado. Le gustaba el riesgo, era muy vertiginoso. Desde chico, andaba en moto con amigos, tuvo varias caídas y como se caía se levantaba. En ese tiempo teníamos el río Reconquista que era un lugar muy lindo, en los 70, en esos años esos lugares eran tan hermosos, uno iba con la familia y él buscaba los lugares de altura y se tiraba al río.

Mi mamá estaba con el corazón en la boca y yo cuando lo veía pensaba “no puede ser que sea mi hermano”, de qué altura se tiraba, qué coraje, era muy corajudo.

Además trabajó desde muy jovencito, a los 13 años, 14 años ya trabajaba en los camiones con cajones de vino, cargando y descargando. Era muy adelantado, y eso que yo era el mayor

¿Y cómo reaccionó cuando lo enviaron a las islas?

Y él estaba en el servicio militar. Nosotros no sabíamos nada en ese momento, mis papás tenían contacto con el 3 de Tablada y ahí sí tenían algo de información. Uno cuando no tiene los medios, no dispone de dinero, es más difícil. Nosotros somos una familia humilde pero trabajadora, mis padres no tenían muchos recursos, el que tenía recursos podía ir en auto, traer información, nosotros simplemente nos informábamos por medio de cartas.

¿Cómo lo notaba a su hermano en esas cartas?

Un poco triste. Pero como la mayoría de los soldados que fueron y padecieron,  lamentablemente. Yo viví una situación parecida: a uno le dicen la bandera azul y blanca es la patria, y es tanto el incentivo que le ponen para defenderla que uno está con un fusil y no ve que el que está enfrente tiene un cañón, uno va a ir para adelante. Y más mi hermano que conociéndolo era muy corajudo.

¿Cómo era de joven?

Era muy buen jugador de fútbol, todos lo reconocían y todos lo querían tener en el equipo. Ganó el campeonato Evita, hasta llegó a estar en las inferiores de Ferro. Y era muy pintón también, sus compañeros me decían “mirá cómo se para este, mirá cómo se pone”. De los cinco era el más facherito, y el más ganador con las chicas. Se empilchaba con Wrangler y Lee, usaba esas camisas Wrangler que eran carísimas, él trabajaba para eso.

Julio fue parte del grupo que por años no tuvo la tumba identificada en el cementerio de Malvinas y cuyos restos se identificaron hace menos de dos años, ¿tuvo oportunidad de visitarlo?

Anteriormente había ido dos veces, con mi papá primero y después con mi mamá. A uno le asignaban una tumba, le daban ramos, crucifijos y nosotros lo poniamos en la cruz mayor con las condolencias. Las primeras veces que he ido hay algo tan feo al ver que no tenía la cruz identificatoria, ver que los familiares iban, se arrodillaban delante de una tumba cualquiera, que sus seres queridos no estaban ahí, me sentía muy mal.

La última vez que fui (con su esposa, ya que sus papás fallecieron) ya estaba la placa. Cuando llegamos ahí, al cementerio, vimos la lápida de mi hermano, se la observa y ya es distinto, es algo hermoso.

Fotos: Gentileza Pedro Segura

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