confesiones

BETTINA STAGÑARES

Actualizado 27/03/2019

“Muchas veces he tenido que entrenar en plazas o en ramblas”

Por Juliana Argañaraz

Nació en 1967 y de chiquita jugaba al fútbol escondida, dice, en “un grupito de locas”. De grande la locura se hizo realidad y de la mano de Carlos Bilardo ocupó durante 13 años el cargo de DT de la primera división femenina de Estudiantes de La Plata, el club de sus amores. Era la única mujer en un grupo de técnicos varones. Fue ayudante técnica de la Selección Nacional femenina y ahora es mánager en el mismo club. Pensó, dice, que no iba a llegar a ver el día en que el fútbol femenino fuera profesional en Argentina. Pero sí llegó.

¿Cuándo comenzaste en Estudiantes?

Yo llego al club en el año 97. Se había gestado como una escuela de fútbol femenino, la impulsó el profe Córdoba, él decía que tenía que haber fútbol femenino porque era lo que se venía. Cuando nos convocaron buscaron chicas a las que siempre les hubiera gustado el fútbol. Yo quería ser parte y ayudar a formar la escuela. Jugué hasta el año 2003 y luego fui entrenadora por 13 años ininterrumpidos en primera división, la única mujer entre todos varones.

¿Cómo era el fútbol femenino en esa época?

Cuando inicié eran como más de 25, 30 equipos, después medio se fue perdiendo… hoy son alrededor de 30 pero entre las dos divisiones, A y B. Y estaba totalmente invisibilizado. Con un poco de suerte iba a vernos algún familiar y el que abría y cerraba la puerta del estadio.

¿Jugaban en las mismas canchas que los varones?

No, no, ni siquiera ahora. No se utiliza la misma cancha que los varones, no solo para jugar, tampoco para entrenar. Te dicen “que la cancha se rompe”, “que ustedes no sé qué”, pero si empezás a discutir no terminás más. Eso pasa por una cuestión cultural, porque es un espacio exclusivo de ellos, y cuesta, todavía cuesta, a pesar de la profesionalización, estas son luchas que se dan todos los días.

Lo del espacio es terrible, cómo te lo coartan, que hoy llueve, que hoy entrena este. Yo he tenido, en muchas oportunidades, que entrenar en plazas, en canchas de fútbol 5, en ramblas, y después enfrentar a un Boca, a un River, a un San Lorenzo.

¿Y eso mismo pasa en los clubes más grandes?

En menor grado pero sí, también pasa en los clubes más grandes. Y se va a seguir dando. Por más que ahora estén todos subidos a este caballo del fútbol femenino, cuando vamos a la parte interna la respuesta es la misma. Para la foto salen todos, todo muy lindo, pero cuando tenés que ir a entrenar y usar el espacio, no lo tenés.

¿Y qué pasa con los vestuarios?

Como pertenecemos al ámbito amateur usamos los vestuarios de las chicas de hockey o de voley, no tenemos vestuarios propios. A partir de esta decisión de AFA van a tener que invertir, cambiar la cabeza, no les va a quedar alternativa.

Durante muchísimos años jugaste y entrenaste con todo el viento en contra, sin embargo nunca te diste por vencida…

Cuando yo comencé esto, más allá de practicar el deporte que me gustaba y en el club del cual soy hincha, ya con ese grupo teníamos un objetivo: que no fuera algo de paso, como nos trataban. Teníamos una visión de futuro de tener una disciplina bien armada, que nos tuvieran en cuenta, como cualquier otra disciplina. A medida que íbamos consiguiendo algunas cositas, el objetivo se iba acrecentando, siempre vamos de a poco pero subiendo la apuesta.

¿Cómo era tu relación con los otros DT?

El ninguneo y la discriminación siempre están y yo creo que van a seguir estando, aunque cada vez menos. Había muchos compañeros que me tenían en cuenta, que me escuchaban, y otros que ni siquiera me miraban. La discriminación no solamente es ningunear, hostigar, sino también el destrato, para mi es la peor arma de la discriminación. No existís. No pertenecés a este grupo, y te lo hacen sentir. No todos, pero ahí siguen estando. Ahora se ponen en la foto. Por ejemplo he tenido muchos encontronazos con (Julio) Grondona. Estamos en un momento que hay que construir desde lo colectivo, porque ya esta gente está pegando la vuelta, gastar energía en los que no contribuyeron y están en la foto no tiene sentido. Cuando hay voces que no se callan y son perseverantes, como es mi caso, donde vos digas algo te empiezan a sacudir. Antes era distinto, hoy yo digo algo y sale en todos lados.

¿Qué sentiste cuando te llegó la noticia de la profesionalización?

La alegría fue muy grande. Debo decir que pensé que no lo iba a ver, yo siempre pensaba ‘espero verlo, espero escucharlo por lo menos’, porque en realidad no pensé que se iba a dar, y tuve la oportunidad y la alegría de poder presenciarlo. Es un puntapié inicial, trato de ver el vaso medio lleno, porque es un fútbol de 11 pero que les dan contrato a 8 y están quedando compañeras afuera. Está faltando algo, no es profesional, es semi profesional, pero hay que pensar ‘agarremos lo que nos dan’, peleemos, construyamos.

¿Hay una red de mujeres que lucha por el fútbol femenino?

Yo creo que mucho, pero mucho tuvo que ver el empuje del colectivo feminista en el toque final, el empujón que le faltaba se lo dio el colectivo de mujeres. Las mujeres somos capaces de hacer eso y muchísimo más, en eso nos diferenciamos en el fútbol, lo que tratamos de hacer más allá de las diferencias y de que todo es nuevo, es ver cómo podemos ir por más, siempre con el pensamiento en colectivo.

Después de la profesionalización, ¿qué deuda queda pendiente?

Más allá de que las chicas puedan ganarse el sueldo, conseguir la totalidad, 11 juegan, 18 entran al campo, y la lista completa es de 30, deberían ser 30 contratos. Lo más inmediato es ese tema y después, en los clubes, estructura propia: cancha, vestuarios, horario para entrenar, si vamos a ser profesionales estas cosas no pueden pasar. Es una tarea ardua, tenemos que estar muy firmes, pero tenemos la ventaja de que ahora está la normativa: tienen que hacer caso.

Fotos: www.rugidopincha.com.ar y Twitter de Bettina Stagñares.

Top